Señor juez:
Se dirige a usted el señor Hermes Hernández para contarle su versión de los hechos.
Bueno, le cuento: uno iba tranquilo escuchando música y en la esquina había dos carabineros que hicieron un control de detención. Procedieron a revisarme, y yo andaba con una mochila que no era mía. En ella encontraron drogas y por mala suerte fui procesado. Como dice Damián Silva en el libro Uno no sabe su suerte, “la mala suerte siempre llega” (69).
Su señoría, debido a esto le pido a usted que tenga compasión al dictar la condena, porque esa mochila no era mía. Soy un joven muy bueno que no le hace mal a nadie. Como dice el abogado Ignacio Marín en Condenando a Zorrón, “no se es culpable hasta que no sea probado lo contrario” (562).
Se despide atentamente,
Se despide atentamente,
Don Hermes Hernández.

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